El tiempo que regalamos: así se construye ciudadanía

Medimos la vida en tiempo. Según crece, una se va dando cuenta de que lo que más vale es el tiempo. Cómo hacer que en 168 horas semanales quepan trabajo, tareas domésticas, higiene, comidas, descanso, vida social y, si es posible, algo de tiempo para respirar, es el gran tema. Lo es para una sola persona, lo es para una familia, lo es para una sociedad que pide a gritos poder parar. Quizá por eso resulta difícil entender que alguien dedique un gran rato semanalmente para participar en una asociación. ¿Qué es eso? ¿Se come? ¿Pagan? ¿O es un grupo de amigos? Yo misma tuve que justificar muchas veces que “regalara” mi tiempo a la asociación juvenil en la que participaba. Y, sin embargo, también he cuestionado que alguien de mi entorno se reuniera cada martes de nueve a once de la noche para preparar actividades que también tendría que dinamizar cada sábado de cuatro a siete de la tarde. “Pero, ¿por qué no te quedas en casa y descansas?”, “¿no puedes faltar este sábado y hacemos algún plan?”, “ni que fuera un trabajo.”
Los movimientos asociativos viven en ese margen entre el compromiso y la voluntariedad, entre lo gratuito y lo valioso, entre lo personal y lo colectivo. Y en ese margen van construyendo la estructura más importante que cualquier sociedad necesita: el sentido de comunidad. En estos espacios difícilmente definibles de formas infinitas se identifican elementos muy interesantes y enriquecedores, sobre todo para la población más jovn.
Algunas de las observaciones que he identificado en mi experiencia trabajando con movimientos asociativos juveniles son las siguientes:
- Se vertebran en torno a un objetivo común, pero incluyen diversidad de personas. Un foco, miradas diversas.
- Son espacios de toma de decisiones constante. Esto conlleva estar familiarizados con la reflexión, el diálogo, el posicionamiento y la negociación.
- Están enfocados a la acción. Canalizan la voluntad de movilización de la ciudadanía, incrementando la capacidad de agencia de las personas en su territorio. Cuanto más haces, más quieres hacer.
- A nivel externo, se vinculan en campañas, plataformas o con otras entidades, sirviendo de altavoz social.
Lo que me parece clave de estas estructuras es el potencial que tienen para la construcción de una ciudadanía vinculada a lo comunitario, a la transformación social. Porque hay todo un mundo enfocado a la construcción de una ciudadanía global, pero cada día vemos cómo lo global se aleja cada vez más de lo humano.
Por eso, desde este espacio invito, y me comprometo en primer lugar, a siempre alentar a las personas jóvenes de todas las edades a asociarse.
Porque el tiempo es oro. Y quizá una de las mejores inversiones que podemos hacer con él es dedicarlo a aquello que realmente sostiene una sociedad: la comunidad.